Falta de plan integral para el regreso a clases presenciales genera dudas, estrés y ansiedad en padres de familia, niños y adolescentes

Es importante que retornen a las aulas, pero existe riesgo para niñas, niños y adolescentes: Roberto Rodríguez Gómez.

María Teresa Monjarás: estudios revelan que el cambio al entorno escolar pospandémico provocará ansiedad y estrés en padres de familia, niños y adolescentes.

Las clases a distancia requieren conexión a internet, compra de tableta, computadora o teléfono móvil, audífonos, luz y otros gastos, destacó Violeta Rodríguez del Villar.

Ciudad de México, 26 de agosto de 2021.- Ante la posibilidad de que estudiantes de educación básica vuelvan a clases presenciales luego de 17 meses de recibir enseñanza a distancia, la falta de un plan integral específico genera dudas, estrés y ansiedad en los padres de familia, en los niños y adolescentes, al no tener una decisión afirmativa, consideraron académicos universitarios.

Para María Teresa Monjarás Rodríguez, académica de la Facultad de Psicología, cuando los padres de familia estén preparados emocionalmente será el mejor momento para enviar a sus hijos a la escuela. “En la medida en que me sienta seguro o segura con mi decisión, podré contener a mi hijo”.

Roberto Rodríguez Gómez, director del Programa Universitario de Estudios de Educación Superior, reconoció: es importante que los estudiantes de educación básica retornen a las aulas, aunque para abordar los riesgos de contagios se requiere una iniciativa integral apoyada con recursos y en la que participen autoridades educativas, sanitarias y el sistema de salud.
 
Al continuar, Monjarás Rodríguez consideró que toda crisis es aprendizaje y oportunidad de crecimiento, y la pandemia también lo es en cuanto a que como padres de familia reflexionemos acerca de cómo estamos afrontando la situación y cómo vamos a enseñar a nuestros hijos a responder ante eventualidades como esta.

Refirió que de acuerdo con un estudio realizado en centros escolares de Estados Unidos se observó, por ejemplo, que estudiantes de hogares de bajos ingresos perdieron 35 por ciento en el aprendizaje de matemáticas, mientras que los de altos ingresos mejoraron 45.5 por ciento.

En tanto que en la Encuesta para la Medición del Impacto COVID-19 en la Educación (ECOVID-ED) 2020, elaborada por el INEGI, se señala que casi 2.2 millones de alumnos presentan alto riesgo de no haber avanzado en los aprendizajes que les correspondían en el ciclo escolar 2020-2021; además, 6.6 por ciento de estudiantes no contaron con tecnología ni apoyo de una persona que los guiara en el aprendizaje en casa.

La universitaria dijo que con base en algunos estudios se considera que el cambio al entorno escolar pospandémico provocará ansiedad y estrés en los padres por la separación de los hijos, pero también en los niños y adolescentes debido a que el confinamiento generó que las familias desarrollaran mayores dependencias en el hogar, nuevas rutinas y, en algunos casos, se han establecido relaciones estrechas de apego.

Indicó que México es uno de los países en Latinoamérica que no ha vuelto a clases presenciales. En Cuba y Nicaragua, por ejemplo, fue poco el tiempo en el cual niños y adolescentes recibieron la enseñanza a distancia; sin embargo, cabría preguntarse la conveniencia de que vuelvan a las aulas los estudiantes de educación básica. “¿Habrá otro rebrote o un mayor número de infecciones?”, no existen estudios robustos que nos indiquen que esto podría ocurrir.

Escuchar a los menores

Obviamente, dijo María Teresa Monjarás, a los progenitores les genera miedo y ansiedad el hecho de que sus hijos contraigan esta enfermedad; además, hay quienes observan que los menores tienen afectación de salud mental por el encierro y la falta de convivencia con sus pares; en este caso es recomendable el regreso a las aulas.

Sin embargo, precisa, es importante saber cómo se sienten ellos, qué piensan, qué miedos tienen ante la eventualidad de regresar a la educación presencial; conocer sus emociones positivas, es muy importante que los padres sean sensibles a ellas y a sus sentimientos. Obviamente la decisión la tomará el adulto con base en el contexto de la pandemia, aunque es importante considerar la opinión de los niños.

Si se determina que acudan a la escuela o continúen con las clases a distancia, debemos darles una explicación y una justificación a nuestros hijos, subrayó.

Monjarás Rodríguez recomendó que los padres de familia evalúen, incluso a nivel individual, los costos y beneficios de que regresen a los planteles educativos o si pueden mantener su educación en línea. “Si cuento con todo el equipo necesario, si puedo acompañarlos en su aprendizaje, porque habrá familias cuyas necesidades económicas sean desfavorables y que han visto afectada también la alimentación de los niños”.

El hecho de que regresen a las aulas traerá ventajas porque además de dotarles de aprendizajes que favorecen su desarrollo cognitivo, contribuyen a su desarrollo emocional, sobre todo en aquellos adolescentes en etapa de cambios físicos, psicológicos, emocionales y sociales; “en ellos sería bueno el regreso a las aulas para reducir los efectos que el encierro por la pandemia ha impactado en su salud mental”, enfatizó.

Los preescolares podrían manifestar emoción por el regreso a sus escuelas “y será normal, incluso que presenten una especie de hiperactividad por esta excitación, además algunas otras emociones que estarán inmersas en muchos otros niños que desafortunadamente han perdido sus figuras parentales.”

Ante ello, resaltó la necesidad de capacitar a los docentes en el desarrollo de habilidades para que puedan brindar contención emocional. Este es un aspecto que destaca la UNESCO para el regreso seguro a las aulas: una evaluación, académica y socioemocional, de docentes, padres y niños; con base en ello realizar intervención y acompañamiento.

¿Qué decisión tomar?

Aunque pareciera que en este momento existen las condiciones para el retorno a las aulas ante el número de personas vacunadas, entre ellos los docentes y la baja constante en las cifras de mortalidad por la COVID-19, el número de contagios diarios no ha disminuido. Sin duda la decisión de retomar las clases presenciales es arriesgada, pues los niños y adolescentes no están vacunados y existe la discusión de si son o no vulnerables a la pandemia, destacó Roberto Rodríguez Gómez. 

“Creo que sí existe un riesgo para la población infantil, hay estudios que lo demuestran, el problema es que la estadística no es un elemento suficiente para dar certeza a las familias para que tomen la decisión de enviar a sus hijos a la escuela”, acotó el académico del Instituto de Investigaciones Sociales.

Recordó que en diversos sondeos realizados entre padres de familia ha quedado de manifiesto que más de la mitad prefiere que sus hijos continúen con clases a distancia, sobre todo porque no se han brindado elementos suficientes para darles tranquilidad; esa es la coyuntura.

En cuanto a las ventajas, el especialista detalló que, además de tener una función educativa, la escuela brinda aprendizajes integrales como socialización, adquisición de hábitos favorables, entre ellos el gusto por la lectura, así como la continuidad en las tareas y trabajos para el reforzamiento de los conocimientos adquiridos en el aula.

“Estamos en una balanza difícil de resolver entre la necesidad de recuperar la educación y de tener alguna certeza de que las clases presenciales pueden ser una solución segura y oportuna en estos momentos en que la pandemia se encuentra en su tercera ola de contagios”, alertó.

Rodríguez Gómez puntualizó que sería indispensable que el país contara con una política federal que estableciera un fondo de emergencia para reforzar la infraestructura escolar, y otro especial de apoyo a maestros para que cuenten, en sus hogares y en las escuelas, con la conectividad requerida para la enseñanza híbrida o mixta, y se aprovechen las plataformas digitales.

De acuerdo con datos de la Subsecretaría de Derechos Humanos, Población y Migración de la Secretaría de Gobernación, el confinamiento, las restricciones a la movilidad, la suspensión de clases y otros factores debido a la pandemia generaron afectaciones graves en el desarrollo y salud mental de niñas y niños por falta de convivencia comunitaria y por segregación social.

También ha repercutido en el proyecto de vida de esta población por la deserción escolar y el incremento de la desigualdad, además de la vulnerabilidad a la violencia familiar, el incremento en homicidios y embarazos en menores de edad.

Menor matrícula

Según el documento “Impacto de la pandemia en niñas y niños” dado a conocer el 19 de agosto pasado, 5.2 millones de estudiantes no se inscribieron al ciclo escolar 2020-2021 por causas relacionadas con la COVID-19 o por falta de recursos; tres millones de ellos son niños y niñas.

En el ciclo escolar 2020-2021 se matricularon en el sistema escolarizado 35.6 millones de niñas, niños y jóvenes en los distintos tipos, niveles y servicios educativos.

La matrícula de educación básica se redujo 2.6 por ciento; en educación media el porcentaje fue superior, 3.1; mientras que en educación superior disminuyó 0.8.

Requiere de un plan integral

Violeta Rodríguez del Villar, académica del Instituto de Investigaciones Económicas (IIEc), opinó que no están dadas las condiciones para el regreso a las aulas en educación básica, y más aún está en duda si se cuenta con los recursos económicos para la reapertura de los planteles.

Apuntó que cada año el sector educativo ha experimentado recortes presupuestales y en 2021 fue uno de los más castigados con aproximadamente 15 por ciento, además de la desaparición del Instituto Nacional de la Infraestructura Física Educativa.

Puntualizó que incluso antes de la pandemia la inversión en infraestructura tenía importantes rezagos, por lo que la posibilidad de que los alumnos regresen a las aulas enfrenta la dilación en mantenimiento y actualización de los planteles. Nos encontramos con nuevas necesidades para retomar las clases presenciales y no hay una definición oficial sobre cómo se enfrentarán las exigencias que implica retomar las actividades escolares de una manera segura y ordenada.

La investigadora del IIEc señaló que de continuar la enseñanza a distancia para el nivel básico implicaría que la inversión que no se ha realizado en infraestructura la tendrán que absorber las familias, que es lo que ocurre a partir del cierre de las escuelas en marzo de 2020.

Es decir, explicó, significó un desembolso unitario de dos mil pesos mensuales, solo tomando en cuenta el uso de la plataforma tecnológica requerida para las clases a distancia, lo que incluyó el gasto de un dispositivo (tableta, computadora o teléfono móvil), audífonos, más conectividad, luz y otros gastos.

Asimismo, las clases a distancia requieren conexión media a internet para dar soporte a las reuniones, lo que representa un gasto promedio de 800 pesos mensuales.